Notas/Reflexiones

Tejer para tramar la experiencia, urdir para producir sentidos. Reflexiones en el marco del Día Nacional de la Tejedora

Esta práctica, más allá de su carácter productivo y artesanal, se nos presenta como una oportunidad para reflexionar sobre las formas artesanales de la comunicación (sensu Benjamin), una destreza manual que simboliza un saber aprendido mediante la interacción con otros. En ese marco, el sujeto de la experiencia no es un sujeto individual, sino un sujeto colectivo portador de un conocimiento que se resignifica a la par de otras personas.


 

Mujeres tejiendo, imagen capturada por la becaria Emilia VIllagra durante su investigación.

Mujeres tejiendo, imagen capturada por la becaria Emilia VIllagra durante su investigación.

Walter Benjamin, pensador marxista alemán del siglo pasado que murió intentando huir del nazismo en la localidad de Portbou en la frontera española francesa, es quizás uno de los pensadores más relevantes de la teoría crítica del siglo XX que nos ofrece elementos fecundos para ensayar una mirada sobre los sentidos que alberga esta práctica. Sus explicaciones en torno a intentar comprender el mundo desde una concepción materialista de la técnica ofrecen algunas pistas para pensar cómo se configura la experiencia comunicacional en sociedades contemporáneas, actualmente inmersas en debates sobre dispositivos tecnológicos y programas de inteligencia artificial.

En el marco de esta fecha ¿qué reflexión podemos ensayar acerca del tejido como forma artesanal de comunicación, en un contexto donde la experiencia se encuentra atravesada por una concepción hegemónica de la temporalidad en la que el progreso simboliza el confort mediante el consumo desenfrenado? Para Benjamin la experiencia sólo puede darse a través de la trasmisión en el marco de un contexto que dota de especial significado las vivencias que experimentamos. Es, además, una experiencia que se nutre de un determinado contexto cultural, económico y social. Por eso, para este autor que escribe sobre este tema posterior a la primera guerra mundial, la experiencia está devaluada, es decir, es una “experiencia de la pobreza” atravesada por las huellas que dejó la feroz competencia industrial y colonial. Transitamos por espacios que fueron configurándose en torno a la noción de progreso, estableciendo formas de comunicarnos que aspiran a una riqueza material.

Pero qué sucede en otros entornos donde experiencias como las del tejer representan una forma de comunicación que alberga la trasmisión de saberes de boca en boca y es, al mismo tiempo, una apuesta por ser y estar juntas en un tiempo-espacio propio. La experiencia de las mujeres tejedoras del municipio de Nazareno de la provincia de Salta, las Warmis de Nazareno -palabra en quechua que traducido al español significa mujeres-, representa aquel sujeto colectivo que engrana múltiples quehaceres en una misma práctica: tejer para cantar y sanar, tejer para consolidar un tiempo entre mujeres, tejer para recuperar saberes, tejer para realizar ceremonias, tejer para fortalecer el trabajo productivo, tejer para expresar afecto en algo tangible… y así diferentes sentidos que se articulan en esa práctica. Narrar esta experiencia es recuperar una forma de comunicación que no se manifiesta en el lenguaje como medio, es decir, no puede comunicarse a través de este sino en él, en aquello que expresa la vida del espíritu humano. La comunicación como el tejido se hace punto por punto, se orienta hacia una trama urdida por múltiples hilos, contiene huecos, silencios, expresa la voluntad humana.

En 2020, en el marco del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) durante la pandemia por el covid-19, las mujeres indígenas de Nazareno tomaron la decisión de juntarse, en una noche oscura y fría de junio. La fuerza del “miedo” y la necesidad de “desahogarse” fue lo que las motivó, dispuestas a conversar sobre la experiencia del horror que estaban viviendo en un tiempo donde la proximidad física y afectiva se había vuelto un impedimento, pero prevalecía la “necesidad de compartir nuestros problemas”. Esa noche comenzaron hablando de la importancia de valorar la semilla, en un contexto donde el ASPO trajo consecuencias como el desabastecimiento de alimentos, pues algunos negocios de Nazareno se habían quedado sin mercadería, productos que usualmente se transportan desde la ciudad de La Quiaca de la provincia de Jujuy. Sin embargo, este nuevo tiempo presentaba la posibilidad de recuperar prácticas de agricultura y ganadería para el autoconsumo, además de generar un excedente mediante el intercambio o la comercialización. Ese poder germinativo de la semilla, en este caso, permitía reproducir su valor como fuente de vida, símbolo de riqueza que va más allá de lo material, “porque si no hay semilla no comemos”.

Las Warmis, imagen capturada por la becaria Emilia VIllagra durante su investigación.

Las Warmis, imagen capturada por la becaria Emilia VIllagra durante su investigación.

A partir de ese momento, “recuperar la cultura” ha sido una forma de mantenerse unidas, destinando tiempo a realizar ceremonias -al agua, a la semilla, a la pachamama- y a encuentros de tejido donde se comparten saberes heredados y aprendidos de sus abuelas, abuelos, madres y padres. Tejer representa parte de sus infancias, de sus recuerdos cuando sus mamás hilaban y sus papás tejían, pues generalmente los hombres se ocupaban de tejer y las mujeres de hilar la lana. De niñas el juego era la pushka, un objeto de madera que sirve para hilar a mano, y el “gran logro era tener unas medias para mis muñecas”.

Tejer representaba un tiempo-espacio que compartían en familia, poniendo el cuerpo como materia expresiva, ajustando y apretando los hilos y ablandando la lana, tareas esenciales para acelerar el proceso artesanal de las prendas que posteriormente se tejían. Hoy en día las mujeres se juntan a tejer y resignifican la experiencia construyendo un sentido que se detiene en la palabra, contándose cómo se sienten, compartiendo sus problemas, las alegrías, los miedos, las buenas y malas noticias, aunque admiten que a veces se juntan y simplemente “nos ponemos a reír todo el día y ya está”. Juntarse es una forma de sobrellevar sus vidas, en un contexto diferente al de sus infancias, en tiempos donde no hay tiempo para nutrir la experiencia y se requiere de mucho valor para hacer algo diferente a lo que la lógica espacio-temporal actual nos propone: producir y hacer, hacer para progresar. En este caso, tejer, cantar, sanar o reír es una forma de intercambiar experiencias, de detenerse para tramar sentidos y constituir un espacio común, afectivo, de cuidado, de disfrute. Estar juntas es una apuesta por hilvanar lazos que fortalezcan la cercanía, a contrapelo del aislamiento social y el exacerbado uso de la conectividad digital potenciado en la pandemia.

*el uso de comillas refiere a los testimonios de las mujeres.

Recomendamos el Podcast:

Descripción del episodio

Hola, bienvenidos y bienvenidas a este episodio “Tejer para construir memoria, memorias para hilvanar saberes”. Un podcast del proyecto “Memorias y saberes de mujeres tejedoras: hacia el fortalecimiento organizativo y el trabajo artesanal de las Warmis de Nazareno”, que desde el año 2021 es apoyado por el Fondo de Mujeres del Sur en el marco del programa Liderando desde el Sur. Hoy vamos a contarles sobre las labores, sueños y deseos que nos entrelazan como grupo, desde las prácticas de tejido hasta las ceremonias que realizamos juntas.

Ficha técnica:

Esta es una producción colaborativa del grupo de mujeres "Warmis de Nazareno". Los relatos se enmarcan en encuentros de tejido realizados en el municipio de Nazareno entre 2023 y 2024. Colaboran en esta iniciativa el Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías (IECET/CONICET-UNC) y el Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales (ICSOH/CONICET-UNSa).

Narradora: María Albarado

Guion: Emilia Villagra y Paula Milana

 

 

 

Sobre las autoras:

 

Emilia Villagra

La Dra. Emilia Villagra es becaria del IECET, es doctora en Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta. Actualmente se desempeña como Becaria Posdoctoral del CONICET. Su línea de investigación se especializa en procesos político-comunicacionales de organizaciones indígenas kollas en la provincia de Salta. Integra el proyecto de investigación “Las tramas sociales en la construcción de las diversas vías del desarrollo: estudio sobre experiencias comunitarias y su articulación con la formulación de políticas públicas” de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba.

 

 

 

MARÍA EUGENIA BOITO

La Dra. María Eugenia Boito es directora del IECET. Nació en Córdoba (Argentina,1971), es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (2008), Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea por el Centro de Estudios Avanzados (2006), Licenciada en Comunicación Social y Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Nacional de Córdoba (1995 y 1994, respectivamente). Actualmente, se desempeña como Investigadora del CONICET y como Profesora Titular Regular del Seminario Cultura Popular y Cultura Masiva, FCC, UNC y Profesora Adjunta Regular en la materia Comunicación y Trabajo Social, FCS, UNC.

 

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